El sábado tuve una experiencia bastante interesante. Comencé la noche con un extraño sabor a decepción, un amargo sentir en mi boca mientras caminaba por esas estrujadas escaleras del Melico, triste de ver cómo las paredes pedían piedad, querían que cada uno de nosotros detuviéramos el tiempo y las "chinearamos" centímetro a centímetro. Las esquinas sucias, los cables colgando, las lámparas ya deseando caer y apagarse para siempre.
Pero aún así, el coloso nos da la bienvenida, como un señor en sus últimos años quien se pone el traje de gala, perforado por el tiempo, sucio en los codos y en las rodillas. Se alista el sombrero de copa y sonríe una vez más. Todavía sabe como cautivarnos.
Sus asientos, desde lo alto, son duros, incómodos, tal vez hasta un castigo a nuestros cuerpos, pero no importa. La incomodidad pronto dejará de existir porque, desde ahí arriba, en una esquina del teatro, puedo apreciar el escenario en su totalidad.
Pasan los minutos y no falta el buen tico, el que aún en el teatro, silba, pide que salgan, hasta aplaude para hacer presión, y se dice ser culto por ir al "tiatro". En fin, no dejo que moleste mi noche, aunque es difícil cuando más gente le hace juego.
Finalmente, se apagan las luces. Comienza un tambor, un ritmo magnético, casi eléctrico, que le da la bienvenida a muchos que terminarán sorprendidos; escondidos ahí en un esquina hay cuatro, sus tradicionales vestimentas los hacen ver inofensivos, como si no tuvieran talento. Como si fueran un mero adorno, pero el acordeón comienza a sonar. Ese alegre tono luego se convierte en un tono de guerra, invocándonos a los bordes de los asientos. Finalmente, entra una flauta que resalta claramente la influencia que ha tenido Georgia del Medio Oriente y Europa Oriental, creando una polifonía sencillamente hermosa.
Salen entonces las estrellas del Ballet, los hombres. Llama inmediatamente la atención que todos andan colores apagados, pasteles a lo más y esto no es lo que importa, no nos importa ese color vino oscuro con negro de fondo, sino como se representa la historia Georgiana de resaltar la virilidad de un hombre guerrero. Un hombre que puede ser letal (como se demuestra después) pero también elegante, agraciado.
Sus saltos contradicen lo predicho usualmente en el ballet, son movimientos agresivos, cortos y atípicos, doblando el cuerpo en posiciones que nos parecen tal vez inusuales, extrañas, pero tienen sentido. Representan de todo, desde las batallas que han tenido en las montañas de su país, hasta el enamoramiento y competencia entre dos, o más, hombres por una dama.
Las damas son tal vez el aspecto que me causa más interés. Sus colores, también apagados, no son tan extremos como los masculinos (si acaso el blanco), el resto son pasteles suaves, que son clara traducción de la tradición de este país. Se resalta al hombre como el héroe, la mujer es el premio, es una pausa del mundo violento que los rodea; es un regalo a los ojos. Sus pasos, cortos y definidos, sus vestidos largos y una sonrisa que parece falsa, hecha en arcilla, hacen de las mujeres en el Ballet seres flotante. Sus movimientos delicados, serenos comparados a los gritos y patadas de los hombres, aún así envenenan a la audiencia con un sentido de paz.
Pero esto es sólo una pausa, comienza de nuevo el Doli a sonar, a hacer eco de años de guerra. La Stviri agudiza el ambiente y salen los cuchillos; con confianza, determinación y un poco de egocentrismo; cada bailarín despliega su poder, su capacidad de hacer 12 fuettes y luego disparar cuchillos a un punto exacto, para luego terminar con la ovación del público. Son segundos antes de que dos bailarines se enfrenten a una guerra, por el amor de una dama, girando en el suelo, chocando los cuchillos y demostrando un control de años de entrenamiento riguroso, casi inhumano, que debieron haber pasado.
Termina el evento con un despliegue de colores opuestos, predominantes el blanco y el negro, que representan al pueblo de Georgia reuniéndose luego de una ardua batalla. Los aplausos nos son suficientes, el público tiene que levantarse, y así vivo una de las experiencias más interesantes, llenas de energía y sorprendentes que he visto en el país.
Les recomiendo el Ballet de Georgia por si quieren ver algo diferente que los impresionará. Les dejo un pequeño video
http://www.youtube.com/watch?v=_gqOiSMNxnY&feature=related
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