Si me pongo a pensar en lo que he aprendido en todo el tiempo que he estado encerrado en las cuatro paredes y un techo de algún sistema educativo, me doy cuenta que menos quiere la sociedad que yo aprenda conforme pasan los días. Más absorbo conocimiento, pero menos aprendo.
Hago una regresión, y me doy cuenta que esto no es más cierto ahora, que antes, en los dos tiempos se aplican, y se seguirán aplicando en el futuro (o hasta el 2012, lo que suceda primero).
En el kinder, la profesora me decía que tenía que dibujar un arbolito, una casa, unas manzanas y a mi familia, tenían que estar felices, tenían que ser de color piel con el pelo de color respectivo, y tenían que estar todos agarrados de la mano. Pero, ¿por qué? Mi familia nunca está toda agarrada de la mano (que yo me acuerde han sido contadas las ocasiones), no todos tenemos el mismo color de piel, ni siquiera la misma manera de sonreír.
Si las manzanas no eran rojas, entonces estaba mal.
¿Por qué mal y no diferente?
Y si yo quería dibujar un sueño que había tenido, o sencillamente quería dibujar manchas en una hoja, no podía porque no era lo que ella quería que yo hiciera. Como dice Kundera, no es culpa de ella, es culpa del sistema. A ella le han ido diciendo que dibujar ciertas cosas nos van a hacer más inteligentes que otras.
Luego me decía la profesora que yo no podía hacer escándalo, que tenía que poner atención, que no podía cantar porque me distraía (me gusta mi voz, me gusta cantar, pero no lo hago bien, tal vez hubiera sido diferente si ella no me hubiera dicho que cantar es vergonzoso porque hace mucho ruido).
En la primaria, comenzó todo a irse de mal en peor. Decidieron que yo tenía que saber de matemáticas, estudios sociales, y ciencias, pero que no podía dibujar en clase cuando yo quería sino cuando ellos decían, que la inspiración para escribir un ensayo (por tan estúpido que fuera) no podía utilizarla porque la profesora quería que yo escribiera de mis vacaciones. ¡Las vacaciones no importaban! ¡Importaba que yo escribiera el cuento que quería!
En fin, no sé si notan una tendencia.
Ya para sexto, yo comenzaba a pensar que escribir, pintar, cantar, tocar algún instrumento o tan si acaso rayar una pared (ahorita vemos eso) era más bien una pérdida de tiempo, no algo que permitía que yo explotara mis capacidades y viera hasta dónde podía llegar.
Luego, llegó secundaria. La combinación de mofas de compañeros (por ser el raro que andaba un libro de aviones, un cuaderno de dibujo y escuchaba música rara; gracias, metal, fuiste fiel escolta), las regañadas de los profes por estar haciendo otras cosas y las lecturas obligadas fueron creando en mí (y por ende en muchos), una mentalidad de que realmente lo que hay que hacer es generar, no importa qué, pero hay que generar.
Tiene que generar un reporte, tiene que leer el libro para GENERAR un resumen, no para que le guste. Entonces, más fácil, todos decidimos leer un resumen para hacer un resumen. Nadie nos dijo que leyeramos el libro que queríamos, sino el que ellos pensaban que teníamos que leer para llegar a comprender una cultura mejor, fuera cual fuera.
Levanten la mano los que gustaron de TODOS los libros que teníamos que leer.
Obviamente no todos nos iban a gustar, porque estabamos obligados. Leánse el Quijote ahora, y lo verán diferente, la Odisea será mejor que cualquier película, el Moto es una aventura nuestra. Es más, lean los que le dé la gana.
Es como la pared.
Después va la elección de mi futuro, a los 16 o 17 años, una profesora llegó y me hizo un examen, saqué noventa en todo y me dijo: Bernardo, usted sería un excelente ingeniero. Ahora bien, no le echo la culpa a ella, porque ella no la tiene, pero ¿por qué un ingeniero y no un artista? Entonces, me dicen que escoja, de TODO lo que puedo hacer, algo con lo que según la sociedad tiene que casarse por el resto de su vida. Tiene que generar para ser exitoso, pero no necesariamente para ser feliz.
Con esto me refiero a que, si yo quiero hacer ciertas cosas, tengo que hacer esas cosas y eso nada más. Por eso me dijeron en décimo que iba a dejar de recibir religión, francés, biología y química (escogí física), entonces ya iba sesgado a que lo importante que yo tenía que estudiar y aprender, era física, porque física me iba a ayudar en ingeniería, porque yo iba a ser ingeniero y tenía que ser buen ingeniero, sin importar el resto de las cosas, porque como escogí estudiar ingeniería, significa que puedo dejar de lado cosas como las artes y demás.
A los diablos, ¿entonces? ¿No querían que fuera inteligente, creativo, versátil?
La educación me hizo bruto. Sí, es cierto, yo tengo que aprender de muchas cosas, como las matemáticas, la lectura rápida, la comprensión de lectura, las ciencias, la historia, todo eso.
Pero lo peor fue cuando entré a la U, y vi como el resto de los esclavitos de la sociedad habían escogido ingeniería, sin tener objeción, sin estar disgustados con su elección, y nos veían a nosotros los raros que escribíamos, componíamos, pintabamos y demás, con esa filosofía de: ¿Para qué hacer eso, si no sirve para nada?
Los artistas, nos veían con la cara de: Esos ingenieros de pacotilla, que sólo ven los números y no el arte.
Muchas gracias, qué lindo estar en el medio.
Ahora bien, cambiar la mentalidad de una carrera es casi imposible, pero cambiar el rumbo de las personas no.
Me recuerdo de Rimbaud, de Kundera, de Cortázar, de Da Vinci, de Galilei, de Laozi y de todas esas grandes mentes que no se restringieron, que no se limitaron a ver los números, y nada más, a ver las letras y nada más, y digo: gracias, qué bueno que existieron.
Y respecto a la pared: mis papás, cuando eramos chiquitos, NO nos prohibieron rayar las paredes, sino que nos dieron una pared de la casa y dijeron: Rayen esa, hagan lo que les dé la gana. Dejaron los crayones en el suelo, y se dieron media vuelta y se fueron.
Gracias, mis papás, realmente fue una salvación.
Apenas me mude, voy a tener una pared para mí solito.
mae yo me acuerdo esa pared en la casa de pinares! que detallazo
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